Comunicado de Milicias Insurgentes-Ricardo Flores Magón (MI-RFM)

Al Pueblo de México,

A los pueblos del mundo:

El maíz además de ser uno de los más sagrados legados que nos dejaron nuestros antepasados, es el cultivo más importante para México, tomando en cuenta el volumen de producción, superficie sembrada, valor de la producción y número de productores. El cultivo de maíz abarca más de la mitad del total de la superficie cultivada en México. Uno de los productos derivados del maíz que más consumimos los mexicanos son las tortillas, ya que comemos más de 300 millones de tortillas de maíz al día. Además, la tortilla aporta alrededor del 59% de las calorías en la dieta de la población mexicana.

No obstante, la profunda relevancia que tiene el maíz para nuestro pueblo no impidió que los tecnócratas neoliberales que trabajan para el mal gobierno y el sistema que lo sostiene, entregaran a espaldas de la sociedad la soberanía alimentaria mexicana al firmar el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN), e incluir en éste al maíz y el frijol.

De esta manera mediante un plumazo, los precios de garantía del maíz fueron eliminados en 1994, registrándose ese año una fuerte caída en el mercado nacional de los precios del maíz –de alrededor del 30% comparado con la década anterior-. Posteriormente, en 1996 cuando el hoy senador Francisco Labastida Ochoa era secretario de agricultura, el mal gobierno comenzó a abrir los ‘cupos’ para la importación de maíz sin aranceles.

Desde entonces las importaciones de maíz han quedado bajo el control de empresas privadas, en su mayoría transnacionales, las cuales presionan los mercados para modificar los precios -a la alza o a la baja-, según sean sus intereses. Curiosamente, estos importadores son a la vez los más importantes compradores de granos en el país. En México el ‘negocio’ del acaparamiento y la especulación de granos básicos, es operado por los cárteles Cargill-Monsanto, ADM-Dreyfus-Novartis-Maseca y Minsa-Arancia- Corn Products International.

Esta situación no es privativa al maíz, lo mismo ocurre con la leche donde el 76% de todos los lácteos que importa México provienen de Estados Unidos (EEUU). Así de esta manera, el fenómeno inflacionario de los productos de la canasta básica se extiende además al pollo, huevo, carne de res y carne de cerdo, jitomate, cebolla y chile, entre otros. En tanto el salario mínimo del trabajador mexicano aumentó este año solamente un peso con ochenta y nueve centavos.

En este marco, lo que nos sucede a nosotros como campesinos es que cada vez estamos más jodidos, cada vez nos pagan menos por nuestra cosecha y nos resulta más costoso producir, mientras que los trabajadores compran cada vez más cara su tortilla. En 1994 a los mexicanos les costaba alrededor de $1 peso un kilo de tortillas, hoy día un kilo vale desde $8 pesos hasta más de $18 pesos. En este sentido, nosotros decimos que el problema no tiene que ver con la ‘apertura de fronteras’, ojalá de verdad se abrieran las fronteras y por ellas pudiéramos pasar sin ser ilegales. Asimismo el tema del alza en las tortillas no tiene que ver con ‘las leyes de la oferta y la demanda’, el asunto pues tiene que ver con la terrible dependencia de nuestro país hacia los designios imperiales del poderoso vecino del norte.

Ya que desde de 1994 se ha venido agudizando una estrategia para hacer a México cada vez más dependiente en materia alimentaria, al mismo tiempo que los recursos naturales -principalmente los hidrocarburos- son depredados por los intereses imperiales gringos. Por ejemplo, en 1994 por cada tonelada de maíz se podían conseguir en el mercado internacional poco más de 6 barriles de petróleo, para 2006 la caída en el precio de los granos y el alza del petróleo han provocado que por cada tonelada de maíz se consiga menos de la mitad de la cantidad petróleo que se podía obtener en 1994.

Si bien provocar la hambruna en la población civil como una táctica de guerra no es ninguna novedad (ya el imperio romano practicaba esta estrategia con cierta eficacia), debe tomarse en cuenta que ahora el imperio gringo la ejecuta a escalas insospechadas. De manera ilustrativa y para dar cuenta del uso de estas “tácticas del hambre” puede citarse la guerra por el control del llamado Cuerno de África (iniciada desde finales de los años 70’s y que continua hasta la fecha), que ha provocado el desplazamiento de millones de personas en Eritrea, Etiopía, Sudán, Somalia, Yibuti, ocasionando las peores hambrunas de que se tengan registro en la historia. O puede mencionarse también la muerte de cinco millones de personas en Corea del Norte entre 1993 y 1998, debido al empleo de la llamada ‘arma alimentaria’ cuyo propósito es matar de hambre a la población para derrocar el régimen de Pyongyang.

Asimismo puede hacerse mención a la aplicación del ‘modelo Basra’, utilizado por las tropas de ocupación gringas para cercar esta ciudad iraquí hasta quebrar por hambre y sed a la población local, y ‘asfixiar’ así a los heroicos movimientos de resistencia. También está el absurdo bloqueo económico que desde hace más de 40 años mantiene el gobierno de los EEUU contra Cuba. Así como las inefables políticas económicas dictadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial que se han traducido en la terrible precarización del nivel de vida de los países pobres, lo cual es particularmente visible en América Latina.

En México concretamente, estas tácticas genocidas para hambrear al pueblo son instrumentadas por el gobierno ilegítimo de Felipe de Jesús Calderón Hinojosa –quien para sentir que manda recurre al disfraz de milico-. En este contexto, el mal gobierno afirma que es inevitable la apertura total de las fronteras mexicanas a las importaciones de maíz y frijol desde los EEUU para el año 2008.

A estas labores para destruir la producción campesina y expulsar de sus tierras a más de dos millones de pequeños productores, se suma la oligarquía mexicana que lucra con el monopolio de la comercialización de granos básicos. Destacan por su participación en este crimen el Grupo Bimbo (que encabeza Lorenzo Servitje Sendra), el Grupo Minsa (con Raymundo Gómez Flores al frente) y el Grupo Maseca (de Roberto González Barrera), entre otros tantos “coyotes” que operan desde las centrales de abasto en las principales ciudades del país.

Mientras tanto, los pueriles estrategas del gabinete espurio insisten en que la volatilidad del precio de la tortilla no se debe al acaparamiento y especulación del grano, sino que lo atribuyen al aumento en el precio del maíz en los mercados internacionales, producto de las nuevas políticas energéticas de EEUU que imponen la necesidad de producir biocombustibles -particularmente etanol-, a partir de su debacle militar en Irak. Situación que arrastró a los diputados mexicanos a aprobar la llamada ‘Ley de Biodesarrollo’, la cual espera el aval del senado para poner en marcha 31 plantas productoras de bioetanol en el país. Bueno fuera que estos autoproclamados ‘representantes del pueblo’ hubieran puesto en marcha la “Ley para la Soberanía y Seguridad Alimentaria”, y que comenzaran a detener esta embestida económica unilateral que busca desarmar a la nación para que siga exportando mano de obra e importando comida.

Sin embargo, y a pesar de la gran intensidad con las que se han aplicado estas “tácticas del hambre” en México, los enemigos del pueblo aún no han logrado impedir que los campesinos mexicanos sigamos sembrando nuestra milpa. Esto lo demuestran las propias cuentas nacionales: en 1994 en México se produjeron alrededor de 18 millones de toneladas de maíz, en 2006 se produjeron cerca de 20 millones de toneladas y para este año del 2007 se pronostica que se tendrá la producción más alta de maíz desde 1993.

Por esto, por la profunda convicción de nuestro origen campesino y por nuestro gran orgullo que sentimos al ser hijos del maíz, es que nos hemos abocado a recuperar los lazos de solidaridad entre los trabajadores del campo y la cuidad para impulsar una lucha sin cuartel contra el sistema capitalista que nos oprime y contra esta gran mentira que se hace llamar neoliberalismo, que a pesar de su conspicua corrupción sigue afirmando que la ‘libertad’ es la que regula al ‘mercado’.

Así pues hermanas, hermanos, para frenar las agresiones del mal gobierno que atentan contra nuestro derecho a la alimentación, les proponemos que junto con las organizaciones y movimientos sociales que luchan abajo con el pueblo, impulsemos la organización popular en torno a Juntas de Abastecimiento y Precios (JAP) –cuyo referente lo encontramos en el gobierno de la Unidad Popular que fue encabezado por Salvador Allende, por allá de los años 70’s en Chile-. A través de estas Juntas podemos encontrar las maneras más efectivas de impedir la especulación y acaparamiento de alimentos en las zonas urbanas, al tiempo que construyamos mecanismos para pagar un precio justo a la producción campesina.

En estos momentos defender la SOBERANÍA ALIMENTARIA es defender la Patria. Por la lucha de los trabajadores del campo y de la ciudad, como pueblo que somos vamos juntos a la defensa de nuestra cultura, de nuestra soberanía y contra la impunidad de los oligarcas que acaparan el maíz y monopolizan su comercialización.

“La palabra como medio para unificar tendencias, la acción como forma de cambiar y establecer la vida”

“Instruir al cerebro para hacer efectivo el golpe del brazo, armar al brazo para proteger contra las armas las concepciones del cerebro”

…siembra ideas, propaga estas palabras …