MANIFIESTO No.18
-Primera parte-
A los pueblos de México.
A los pueblos del mundo.
…de lo que trata un verdadero proceso revolucionario es de un acto de ruptura del continuo de la historia […] sería, sin ser una vuelta hacia atrás, una afirmación del presente que se cumple mediante una recuperación del pasado…
Walter Benjamin
El gobierno… es verdad que nos trata de herejes, ladrones y asesinos, de estrujantes, libidinosos e impolíticos, pero advertid que es antigua costumbre de ellos desacreditar a los que tienen por contrarios para conciliarse así alguna gente a su arbitrio, ¡Miserables!
José María Morelos y Pavón
Como en todos los pueblos y civilizaciones, la versión oficial de la historia es construida por quien se encuentra en el mando político. México no es la excepción. Hoy, en tiempos del bicentenario de la Independencia y centenario de la Revolución, vemos un desfile de discursos en boca de personajes ridículos que poco o nada entienden de la historia, acompañados por una saturación de mensajes patrioteros (comerciales y spots en radio y televisión, películas, espectaculares, telenovelas, eventos y desfiles cívico-publicitarios, etc.), que desvirtúan la conmemoración como derecho público y el sentido reflexivo de esa experiencia histórica que debiera aterrizar en la vida y el presente de cada persona.
El discurso del poder usa y abusa de la historia, utilizándola como mero pretexto, para legitimarse e impartir clases de “civismo” en cadena nacional. Este discurso de héroes y hechos consumados, cuyo resultado sería las condiciones en que la mayoría nos encontramos, no sólo es absurdo e inaceptable sino que pretende anular las gestas de las que se vale, haciendo del pasado el material ideal de su futurismo autoritario, es decir, la falsa promesa de que “todo está mejorando”, que el pasado fue más tormentoso y los costos (más de 30,000 muertes en la guerra de las drogas, más de 3000 desapariciones forzadas, pobreza extrema, marginación, desempleo o empleo con sueldos de miseria, seguridad social deficiente o nula, educación ficticia y funcional, impuestos indignantes, justicia privada y selectiva, entre otros), valdrán la pena en un futuro.
Así, debemos a los diferentes gobiernos en México, sexenio tras sexenio, la construcción de un discurso “histórico” patriotero que hoy impera en las mentes de amplios sectores de la población. Lo que el discurso oficial sostiene, por medio de sus anuncios “comunicadores”, libros de texto y clase política actual, es una fantasía en la que ellos son el fruto del proceso histórico de México. Esta fantasía está viva gracias a las personas que pasiva y neciamente lo creen o ni siquiera la sospechan como un grueso engaño, por lo que derrumbar fantasías como esa es una de las tareas más urgentes. Todo ello torna indispensable que volvamos a la historia con una mirada crítica, disruptiva y libertaria.
En 1810, en medio de una atmósfera de descontento, buena parte de la clase criolla actúa en defensa de su estatus, buscando cargos políticos para su clase y sin poner en cuestión la estructura colonial; por su parte, la Iglesia católica, a pesar de su descontento, obedeció a regañadientes y mantuvo su apoyo al poder virreinal. Es en este contexto donde las ideas y propuestas que defendieron Hidalgo y Morelos cobraron, por su grado de excepcionalidad y pertinencia, una gran radicalidad y potencia revolucionaria.
Miguel Hidalgo, que había sido rector de la Universidad de San Nicolás en Valladolid (conocido por su trayectoria intelectual innovadora, su conocimiento profundo en filosofía moderna, en la ciencia física y matemática, en la Ilustración, las artes, conocedor de varias lenguas europeas e indígenas, entre otras cosas), encabeza el llamamiento a los pobladores locales para sublevarse contra el gobierno tirano. Conforme avanza y crece el contingente se pone en evidencia, en el grado de violencia usado por la gente indignada y furiosa, que los reclamos tenían una profundidad mayor que la atendida por las clases privilegiadas y que se necesitaba el filo suficiente para cortar el grueso lazo colonial desde sus fundamentos y desde las personas que vivían sus consecuencias concretas.
A la tortura y muerte de Hidalgo, la tarea organizativa que logra Morelos añade, a las ya radicales propuestas, las condiciones necesarias para hacer realizable dicho proyecto. Morelos plasma en forma de principios, tanto en los Sentimientos de la Nación como en su participación en la Constitución de Apatzingan, las propuestas hechas por Hidalgo y otros importantes intelectuales como Servando Teresa de Mier y Primo de Verdad. Morelos coloca por primera vez, como artículos sin los que el proyecto nacional no podrá continuar y a diferencia de otros países latinoamericanos que se independizaron, conceptos como los de igualdad (en un contexto de marcada estratificación en castas), patriotismo, reparto de tierra a las comunidades indígenas y mestizas, la abolición de la esclavitud en todos sus sentidos, soberanía nacional, educación y formación para generar humanos virtuosos, moderación de la opulencia y la miseria, etc. Para Morelos cualquier gobierno que no cumpliera estas demandas sería un gobierno tirano. En ese caso, la obligación de la Patria sería despegar sus labios para reclamar sus derechos con Espada en mano para ser oída.
¿Qué puede celebrarse o conmemorarse hoy, en que la injusticia, la impunidad, la desigualdad y la enajenación siguen vigentes? Jamás podría decirse que una patria justa, libre y completamente nuestra. ¿Entonces qué celebrar o conmemorar? No cabe duda que lo que debemos conmemorar y recuperar para la memoria histórica es el espíritu de resistencia y lucha contra cualquier forma de subordinación que subyugue la vida de nuestro pueblo. No cabe duda que lo que no puede escapar a nuestra memoria histórica es ese anhelo de libertad entre individuos y comunidades, así como la ruptura de relaciones de dominio y subordinación con respecto a cualquier estructura tiránica.
Consideramos que el estado neoliberal es irreformable y, por ello, se requiere anularlo para trascender la dominación capitalista y estar en condiciones de hacer efectivos los postulados defendidos por Hidalgo, Allende, la Corregidora, Morelos, Leona Vicario, Guerrero y muchos más, que mantienen vigencia. Por tanto, se requiere abolir las nuevas formas de esclavitud, reconocer y respetar los derechos y la cultura de los pueblos originarios, negros y mestizos, superando el racismo y opresión que sigue dividiendo a la sociedad mexicana; articular un poder comunitario que garantice la libertad, la justicia y la soberanía popular; impulsar un patriotismo plurinacional fundado en el respeto a toda forma de vida y de cultura; garantizar el trabajo, la educación, la salud, la justicia para todos; eliminar la persecución política, la tortura, la ejecución y la desaparición forzada.
Para ello se requiere articular una gran fuerza social capaz de construir sus propias formas económicas, políticas, ideológicas y militares, a partir del creciente descontento social y de los movimientos de resistencia que siguen surgiendo, impulsando la formación de brigadas, comités, colectivos, concejos, etc., en silencio mientras sea posible y a grito abierto cuando haya que hacerlo, recuperando el valor de las acciones, desde las cotidianas hasta las excepcionales y heroicas, como lo han hecho los sujetos individuales y colectivos que han ido transformando nuestra historia.
Un México distinto al que hoy existe, fundado en la democracia, la libertad y la justicia es posible. Esto no es sólo un anhelo, sino una posibilidad real si unimos los esfuerzos, la voluntad y creatividad de todos los mexicanos, y de sus distintas organizaciones sociales y revolucionarias que luchan por una vida mejor.
Es nuestra responsabilidad histórica hacer posible la construcción de una modernidad diferente de la conocida hasta ahora. Este mundo, a pesar de todas las desigualdades y horrores que existen, guarda las posibilidades de ser distinto y existe una multiplicidad de dimensiones humanas que debe estar siempre abierta a la libertad de existir y realizarse humanamente. La estatura de las ideas revolucionarias no se levanta solamente con las acciones por las que se hace valer, sino por la agudeza, solidez y radicalidad de los planteamientos, así como por la pertinencia histórica en que son formuladas. Detectar y sostener como exigencias nuestras necesidades radicales como población y construir la fuerza material organizada para llevarlas adelante constituyeron, antes, constituyen ahora, el binomio del quehacer revolucionario que se nos presenta como ineludible.
Ante el actual gobierno tirano, y siguiendo los ideales de Hidalgo y Morelos, nuestra obligación es despegar los labios para reclamar nuestros derechos con Espada en mano para ser oídos.

¡Por la unidad del pueblo, la coordinación revolucionaria!

Movimiento Revolucionario Lucio Cabañas Barrientos
MRLCB
Tendencia Democrática Revolucionaria – Ejército del Pueblo
TDR-EP
Brigada de Ajusticiamiento 2 de Diciembre
BA-2D
Organización Insurgente 1º de Mayo
OI-1ºM

Septiembre 23 de 2010, a 45 años del asalto al Cuartel Madera.