octubre 2010


Esta Publicación es de la revista CONTRALINEA es muy interesante lo que nos comenta Jose Luis Sierra, estamos ante la inminente invasion de los Estados Unidos en México, estan considerando a los narcos como terroristas y se sienten “amenazado” incluso la secretaria de Estado Hillary Clinton, nos ha comparado con Colombia. ATENCIÓN la guerrilla méxicana   pelea en contra del Narcotrafico, un claro ejemplo es el ERPI tras la muerte del  comandante Ramiro.(qepd)

Revista: Contralinea

Autor:Jose Luis Sierra.

Puede ser que el nombre del embajador Henry A Crumpton signifique poco fuera de la comunidad de inteligencia de México y Estados Unidos, pero sus opiniones tienen un peso relevante: Crumpton fue agente de operaciones clandestinas de la Agencia Central de Inteligencia por más de dos décadas, encabezó las operaciones en Afganistán y luego coordinó la lucha contra el terrorismo en el Departamento de Estado.

Crumpton es uno de los civiles que desarrollan los conceptos mientras los militares los llevan a cabo. Así sucede con el término narcoinsurgencia, que Crumpton aplica para México y que tanto la comunidad civil como la militar de Estados Unidos han elegido para analizar al crimen organizado mexicano.

El exjefe de inteligencia sostiene que equiparar a los cárteles del narcotráfico con el de “grupos insurgentes” es la manera correcta de abordar el problema. La misma secretaria de Estado, Hillary Clinton, adoptó el concepto cuando habló de la “narcoinsurgencia mexicana”, igual a la colombiana, y provocó una reacción áspera en México, incluyendo el rechazo del propio presidente Felipe Calderón.

En una entrevista reciente con el Wall Street Journal, Crumpton reconoció, sin embargo, que ese concepto es “particularmente incendiario” para los mexicanos por su temor histórico a que el ejército de Estados Unidos se ponga al frente de la lucha antinarcóticos.

El problema es que la aproximación conceptual de Crumpton muerde la realidad, así sea parcialmente: los narcotraficantes mexicanos han borrado algunas diferencias estructurales que los separaban de los grupos insurgentes. Estos últimos (o lo que queda de ellos) han buscado históricamente un “territorio insurgente” que les sirva como retaguardia estratégica para organizar a sus tropas, pertrecharlas, darles entrenamiento y oportunidad de descanso, así como para ensayar nuevas formas de gobierno que incluyan “cobro de impuestos” y “sistemas de justicia” de “corte revolucionario”. La verdad es que esa quimera ha sido destruida día tras día con la saturación militar de las comunidades indígenas y rurales que simpatizan con la insurgencia.

Pero los narcotraficantes mexicanos, por su parte, sí han logrado “controlar territorio”, aunque lo logren en forma fugaz y con sus propios métodos: asesinan o atemorizan alcaldes, corrompen a la policía municipal, instalan puestos de control carretero, obligan al pago de “impuestos” mediante la extorsión, controlan los medios de comunicación locales y asesinan a los policías, militares y ciudadanos que se les opongan. De alguna manera, y aunque el control territorial nunca sea definitivo, los narcotraficantes han logrado reemplazar a los gobiernos locales y ejercer una autoridad criminal de facto.

A pesar de ello, la identidad insurgente tiene poco qué ver con la del narcotraficante. Los grupos armados mexicanos buscan derrocar al poder y modificar al Estado por la vía de la construcción de un ejército propio y un gran frente de masas que los apoye. En cambio, los narcotraficantes utilizan a sus ejércitos privados para desestabilizar y doblegar a los gobiernos locales, estatales o federal. Si los gobiernos están en contubernio o cierran los ojos, los traficantes de drogas son capaces de llevar su negocio en una paz relativa. Pero si no es así, la violencia es desmedida, desbordada.

Aunque le disguste, el gobierno mexicano ha aceptado el término narcoinsurgencia en la práctica, pues ha utilizado contra el narcotráfico la misma fuerza militar contrainsurgente que le sirvió para acabar con cuatro olas de movimientos armados en el país, desde la primera insurrección contemporánea el 23 de septiembre de 1965 con el asalto al Cuartel Madera en Chihuahua.

El Ejército unificó las luchas contra los movimientos armados en el campo y contra los grupos del crimen organizado en patrullas multipropósito que se mueven según las órdenes de los mandos militares regionales. Sobre la base de esta experiencia de militarización progresiva e intensa de la lucha antidrogas, Estados Unidos intenta llevar la cooperación militar binacional a otro nivel.

Los máximos líderes militares de Estados Unidos lo están anunciando. El almirante James Winnefeld, jefe del Comando Norte, uno de los comandos del Departamento de Defensa con los que Estados Unidos proyecta su fuerza a nivel global, ordenó recientemente un estudio de las formas de cooperación militar con México que vaya más allá del mero entrenamiento e intercambio de información. Winnefeld ya tiene a representantes de la Armada de México en el Comando Norte; ya ha logrado la participación militar mexicana en ejercicios antiterroristas, pero quiere más y no es el único.

Según el Wall Street Journal, el Departamento de Seguridad Interna que dirige la exgobernadora de Arizona Janet Napolitano está buscando, junto con la Fuerza Aérea de Estados Unidos, la tecnología más idónea para vigilar las fronteras aéreas, terrestres y marítimas con México. La utilización de aviones Predator no tripulados es el primer paso en esa dirección.

Mike Mullen, el jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, es otro líder que busca nuevas formas de colaboración militar con México. Él ha mencionado que la experiencia contrainsurgente en la guerra de Afganistán puede servirle a México para combatir el narcotráfico. La tendencia reciente en los combates en ese país de Asia Central es la utilización de los aviones no tripulados Predator para arrojar misiles contra líderes Talibán. Estados Unidos tiene cuatro aeronaves no tripuladas que vigilan la frontera con México, y las Fuerzas Armadas Mexicanas ya están adquiriendo esa tecnología.

Si estos movimientos persisten, lo que veríamos al final del sexenio de Felipe Calderón y principios de la próxima administración es otra ola de militarización de la lucha antidrogas, pero ahora con un peso mayor de los recursos, tecnología y personal de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. El presidente Barack Obama, por lo pronto, ya aprobó el envío de 2 mil tropas más de la Guardia Nacional a la frontera con México.

El equiparar a México con Colombia, y a los cárteles mexicanos con una fuerza insurgente, como lo hizo la propia secretaria Clinton, intenta crear el ambiente favorable para contrarrestar la resistencia del Ejército Mexicano a profundizar la cooperación con su contraparte estadunidense. Por décadas, los militares mexicanos han aceptado tanto la transferencia de armas como el entrenamiento castrense de Estados Unidos, pero se han resistido a expandir ese nivel de cooperación.

Crumpton está adaptando el concepto de narcoterrorismo que Estados Unidos aplicó en Perú para justificar la destrucción de Sendero Luminoso y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia por la vía militar. Sea la narcoinsurgencia un concepto viejo o renovado, el gobierno mexicano está aplicando el mismo patrón de fuerza en Ciudad Juárez, Reynosa, Monterrey, Matamoros, Gómez Palacio, Morelia y Acapulco, sin tener claro si está ganando o perdiendo las batallas contra una criminalidad difusa, extremadamente móvil, que se atomiza y se extiende geográficamente con facilidad. Ahora, Estados Unidos busca inclinar la balanza hacia el lado gubernamental, promoviendo sus propios modelos militares.

*Especialista en Fuerzas Armadas y seguridad nacional; egresado del Centro Hemisférico de Estudios de la Defensa Nacional de Washington

SIN LUCHA, NO HAY VICTORIA

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Falsa Revolución
(Fidencio Escamilla Cervantes)

“Mira la tierra que te dieron, campesino:
Que poco valor a tu tenaz esfuerzo,
tú la peleaste en la revolución,
fuíste a su encuentro”.

Alguien inventó la palabra “Independencia”
Para llamar a una guerra: Revolución;
Palabra falsa. Estéril, descompuesta,
Porque aquél que la inventara,
Paseo su desvergüenza
Absorbiendo los besos de lacayos,
De hombres sin honor.

Bestias de otras naciones, vinieron
a manchar nuestra existencia,
hipnotizaron a los hombres del campo
y los llevaron a una estúpida tragedia,
les mordieron sus callosas manos
Inyectándoles rabia entre sus venas.
los envolvieron en lucha frenética,
bayoneta y fusil, muerte entre hermanos,
Mientras que ellos convivían en fiestas.

¿Dónde está mi revolución? ¡No es ésta!
no puede ser que haya parido cremas
para envolver a señoritos con riquezas,
mejillas rosadas, pelo rubio
y piel de transparencia.
¡Esta no es la revolución de Zapata!
Se la han robado, la tienen muerta.
Se la han comido poco a poco esas bestias,
¡Esas que conocemos
Y se perfuman y se peinan con esencias
Y que jamás tocaron un cañón o una escopeta!
Jamás supieron de dolor o de miseria,
Ni de angustias,
Porque ellos no brotaron de la tierra,
Nacieron de las hienas.

No es mi revolución ¡No es ésta!
Fue comprada con dólares sucios,
Producto del sudor de manos negras.
Se embarraron de tierra noble
Y aparentar así una falsa refriega;
Mataron vacas y robaron haciendas,
Fingieron una lucha inexistente
Y hoy se revuelcan en colchones de oro y seda.
¡No es mi revolución! ¡No es ésta!
Se la tragaron esos ricos de reloj
Y la escupieron en células muertas,
En pringas de sangre como cruel afrenta
A esos hombres
Que siguieron a Zapata por la selva.
¡No es mi revolución! ¡No es ésta!
Porque aquellos que ofrendaron su vida
En el fragor de las contiendas,
No han merecido un minuto de silencio
¡Ya nadie los recuerda!
Porque los héroes que aún viven
De aquellas batallas cruentas,
Hoy arrastran su dolor y su miseria
¡Para ellos no hubo recompensa!
Se la robaron los antiguos amos;
Los que nacieron con el alma negra,
Aquéllos que se alimentan con carne fresca,
Se visten de casimir usando
El último grito de la moda a la francesa.

Mientras que el débil campesino
Se alimenta de raíces y hojas secas,
Se viste con el sudor de su silueta
Y se abriga con el dolor de su impotencia.

Falsa revolución ¡Apestas!
Y ese grito es de dolor y de insolencia,
No es traición a la patria
Decir la verdad que traigo a cuestas,
Podrán decir que es blasfemia,
Pero es un grito venido desde el alma
¡Es un grito de protesta!

¡Dónde está la verdadera revolución?
La de Hidalgo y de Morelos,
La de Villa y de Zapata,
La de los hermanos Flores Magón.
No es aquella de escritorios limpios
Donde el burócrata babea y sueña;
no aquella de coches automáticos
donde funcionarios de etiqueta se pasean;
no aquella de pieles carisimas
que abrigan a una bestia con melena;
no aquella de grandes residencias
habitadas por perros sin conciencia.

¿Dónde está la verdadera revolución?
La que iniciaron Cajeme y Tetabiate en las haciendas,
La que dio insurrección a los mayas
En la blanca Mérida,
La que se pronunció contra el Valle Nacional;
La revolución que se inició en la selva;
Esa que prometió justicia al oprimido
Llevándolo de una mano a las contiendas.
Esa revolución ¡Qué venga!
No es tiempo de llorar, Ni de lanzar afrentas;
Es hora de exigir una revolución más cierta,
Es hora de aclarar las cuentas,
Es hora de exigir conciencias rectas,
¡Vamos a rescatar la patria!
¡Porque la patria… es nuestra!

Fidencio Escamilla Cervantes (Peñitas, Nayarit, 1951), profesor mexicano que retrató en su literatura el México rural con hambre y problemas cotidianos. A lo largo de sus estudios conquistó varios premios literarios en poesía y teatro. Ha publicado, entre otros, los libros Poesía, cuento y teatro (1979), Vientos de libertad (1980), Las bocas hambrientas (1981), Las manos que sudan sangre (1982), Los niños de la guerra (1983), El libro y el arado (1984), Buscando la libertad (1985). Sus textos han sido utilizados en los salones de clases mexicanos debido a sus temas infantiles, místicos, patrióticos y épicos, a la vez que pueden ser de protesta y rebeldía

Al pueblo de México:
A los medios de comunicación:

Hace 200 años el cura Miguel Hidalgo y un grupo de criollos iniciaron la guerra de independencia de México, a su muerte José María Morelos y Pavón dio continuidad a la lucha por la libertad, a la que trató de darle una legitimidad formal con el congreso de Chilpancingo, donde dio a conocer “Los sentimientos de la nación” y finalmente el General Vicente Guerrero logró concretar esta gesta libertaria, consumando la independencia nacional.

100 años después del grito de dolores, nuevamente diferentes sectores del pueblo se levantaron en armas contra el régimen de Porfirio Díaz y sus científicos. En el norte y en el sur se levantaron partidas de mexicanos encabezados por patriotas contra un régimen opresor y antidemocrático. De este proceso destacan Francisco Villa y Emiliano Zapata como representantes genuinos de las clases oprimidas. Estas dos gestas libertarias de nuestro pueblo en contra de un selecto grupo de oligarcas constituyen nuestro más claro ejemplo de lucha por la libertad, la democracia, y la justicia.

Los oligarcas y vende patrias de hoy realizan multimillonarias fiestas en un intento por manipular a nuestro pueblo y ocultar el verdadero sentido de la historia. Para ocultar que no hay nada que celebrar, que como país seguimos estando bajo el yugo opresor de los capitalistas que dominan al mundo, sin democracia política ni desarrollo económico. Nuestro pueblo vive actualmente en la misma situación económica, política y social de hace 200 años, cuando el General José María Morelos promulgo en el Congreso de Chilpancingo “Los sentimientos de la Nación”.

Nosotros buscamos construir una alternativa al capitalismo y reconocemos la fuerza creadora y revolucionaria del pueblo, por ello rendimos un homenaje a todos los patriotas que ofrendaron sus esfuerzos y su vida en los ejércitos de Miguel Hidalgo, José María Morelos, Vicente Guerrero, Francisco Villa, Emiliano Zapata, Jesús H. Salgado entre otros héroes de nuestra historia patria.

El mal gobierno sabe del gran descontento social ante la política económica que nos impone y temeroso de que nuestro pueblo busque una alternativa contraria al capitalismo ha instalado un régimen fascista. Bajo el pretexto de una guerra contra la delincuencia organizada Felipe Calderón desató un terrorismo de estado contra la sociedad. Esta cruzada fascista ha dejado una estela de más de 30 mil muertos, muchos de ellos inocentes, donde niños, mujeres y ancianos han sido asesinados por el ejército mexicano y la policía federal.

El narcotráfico es uno de los pilares principales que sostienen al estado mexicano por lo que la guerra contra la delincuencia organizada es una farsa para ganar legitimidad y para aterrorizar al pueblo de México. En ésta campaña de muerte y destrucción encabezada por el ejército de la oligarquía, los fascistas tienen como objetivo al pueblo que sueña con democracia, justicia y libertad, mediante la detención, persecución, desaparición y asesinato de luchadores sociales.

Por ello el acoso con todos los recursos legales e ilegales del estado a los sindicatos, organizaciones sociales, y pueblos indígenas que luchan por sus derechos y que construyen una alternativa al régimen actual. Como ocurre en todo el país, de manera destacada en Guerrero, Oaxaca y Chiapas. Esta guerra contrainsurgente impone sistemáticamente el terror a los mexicanos. Con el objetivo de inhibir la lucha popular y destruir el tejido social para asegurar la continuidad del capitalismo que saquea y atesora en unas cuantas manos la riqueza nacional.

Por otra parte, el secuestro de Diego Fernández de Ceballos es el resultado de las luchas intestinas de los grupos de poder que saquean y usufructúan las riquezas de la nación. Éste personaje es el fiel representante de la clase política corrompida que ha impuesto una política económica contraria al interés del país.

A este respecto los voceros del mal gobierno filtraron diferentes versiones a los medios de comunicación sobre los posibles autores materiales. En una de ellas, los aparatos de seguridad señalan a nuestro ERPI de ser el responsable de este acto delincuencial.

Ante ésta situación declaramos al pueblo de México que no tenemos ninguna responsabilidad en el caso Diego, ni asesoramos a otros proyectos revolucionarios, amén de que no tenemos actualmente relación con otras organizaciones político-militares mexicanas.

Al atribuirnos responsabilidad en el caso Diego el estado busca criminalizar la lucha revolucionaria, para tener una justificación e iniciar una cacería de brujas contra luchadores sociales que han tomado el camino de la construcción del poder del pueblo. Advertimos, que en caso de que las fuerzas represivas del estado mexicano agredan a nuestro pueblo nos veremos en la necesidad de recurrir a la autodefensa en todas sus formas, en legítima respuesta a la barbarie criminal del gobierno mexicano.

¡CON EL PODER POPULAR, EL PUEBLO UNIDO VENCERÁ!

DIRECCION NACIONAL
EJÉRCITO REVOLUCIONARIO DEL PUEBLO INSURGENTE

ERPI